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EN BUSCA DEL TIEMPO…

      SABER DETENERSE PERMITE RECUPERAR EL TIEMPO

Hay momentos en que es necesario decir basta: bajarse un rato del tren de horarios que nos construimos en la vorágine cotidiana. Para evitar el punto de saturación que da paso al stréss, es fundamental reconocer a tiempo estos momentos, en los que resulta más saludable zambullirse en la contemplación del puro presente, sin caer en una lucha contra viento y marea a causa de exigencias frenéticas.
Así es posible darse cuenta de que, para avanzar realmente, a veces hace falta detenerse, dejando que las cosas maduren y lleguen a su realización del modo más natural. El problema es que nos acostumbramos a la ilusión de que no tenemos tiempo para eso. Cuanto más tiempo tenemos entre manos, es decir cuando realizamos más actividades, es cuando solemos repetir con mayor frecuencia "no tengo tiempo".
Sístole y diástole, inspiración y exhalación: el movimiento cíclico anima y orienta a todos los seres vivientes. Como nos revela cada amanecer, dormimos y despertamos siguiendo los ciclos de algo más vasto y más esencial que nuestras pequeñas mentes y decisiones.
Una clave para retomar el contacto fluido con los ritmos naturales es escuchar nuestros ritmos interiores en consonancia con los ritmos exteriores de un ámbito natural: VOLVER AL BOSQUE.
Es cuestión de tomarse pausas, espacios meditativos para simplemente estar, buscando la sintonía de nuestro mundo interior con el mundo natural que nos rodea. Escuchar la brisa sobre las hojas como si fuera un fluir que limpia nuestra mente de las ideas repetitivas, calmando los ánimos. Contemplar el cielo sin pensar en nada, sintiendo la fusión envolvente de su silencio. Detenerse en lo más simple: el vaivén de la propia respiración, los latidos del corazón.
Vivir el ahora, sin preocuparse por nada durante por lo menos una hora al día. Tras estos momentos de saludable inacción, veremos como todo suele aclararse, aligerarse. Lo que parecía un problema irresoluble, puede aceptarse como un hecho y ser abordado de formas que antes no se veían.
La vida de una semilla, que pierde su forma bajo tierra para poder realizar la potencia de su naturaleza, enseña este modo de resurgir de nosotros mismos, contando  con el tiempo como aliado antes que como enemigo. El tiempo siempre está ahí, como la tierra y el agua, pujando, más allá de lo que uno haga o desee.
Amigarse con el tiempo, en vez de estar luchando contra él a todas horas, implica aceptar su lado cíclico: el pulsar primigenio que nos mueve y nos transforma, renovándose siempre. Ese pulsar de los ritmos naturales conforma las olas en que vamos montando nuestras vidas. Parece importante no perderlo de vista, recuperando su sentido cada día.

Por todo lo expuesto, yo tengo tres "RECOMENDACIONES" para recuperar ese tiempo y fundirnos con la Madre Naturaleza:
·PRIMERA RECOMENDACIÓN
Una vez por semana contemplar en silencio todo un amanecer
·SEGUNDA RECOMENDACIÓN
Una vez durante cada estación podemos pasar un día entero dentro del bosque, en el mismo lugar, sintiendo los cambios de la Naturaleza en el propio ser.
·TERCERA RECOMENDACIÓN
En un diario pueden describirse los cambios de un árbol que se vea por la ventana de la casa.

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