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…Un trozito de pan…

      Erase que se era una viuda con tres hij@s. Se había quedado sin su marido cuando los crios eran pequeños y con su único esfuerzo y trabajo, había sacado a su prole adelante. Ahora oscilaban entre los 9 y los 15 años.
     Pués su último trabajo era una Residencia de ancianos en la cual prestaba servicios cómo limpiadora (y lo que le mandaban hacer). Por primera vez, estaba asegurada aunque el sueldo era pequeño pero,cómo ya estaba acostumbrada a apretar el cinturón, se gobernaba bien.
      Había decidido darles una carrera a sus hij@s, pero para eso ¡había que ahorrar! y ¿de donde?… y cavilando, cavilando se le ocurrió una solución. Habló con la directora de la Residencia, llamémosle Sta. L.. Le propuso, que la dejara comer allí, y le dijo el  motivo de tal petición.
      La Sta. L. lo consultó con sus superiores y, a regañadientes, dejaron comera allí a la pobre mujer. Eso si, a última hora, cuando todos los ancianos residentes hubieran comido. Para su desgracia, a veces la mujer que servía tenía que rebañar las fuentes para poderle dar un poco de comida. Es decir, clara y llanamente, a veces comía las sobras, y hay que decir también, que sólo al mediodía, la cena no sse la daban, a pesar de que mucha comida iba a la basura ¿?
      Desdeluego una muy mala organización del Centro, pero esa es otra historia.
      Es el caso también, que , una vez, comentó con alguien del centro en quién confiaba, el tema de que comía los restos de las comidas pero que no le importaba, mientras pudiera ahorrar para que sus hij@ pudieran estudiar y no tuvieran que, cási pedir limosna para comer.
      Pués esa persona se lo fué a chismorrear a la Sta. L., y ésta no tardó en llamar al órden a la trabajadora diciéndole:
-Encima que te estamos haciendo un gran favor dándote de comer, aún te permites el lujo de hablar mal de nosotros, pués sabe que si vuelves a hacer otro comentario por el estilo, se te castigará retirándote la comida, ¡Pórtate bien!, o atente a las consecuencias. Eres una desagradecida.
      Pidió disculpas y se guardó muy mucho de volver a confiar en nadie.
      Más adelante, y aquí viene el tema relacionado con el título de la historia, se puso enferma de la espalda (el trabajo era duro) y el médico le recetó unos calmantes…total que aquél día desayunó su vaso de leche a las nueve de la mañana junto con su medicación y a las dos de la tarde se incorporó a su trabajo. Se encontraba desfallecida ¡y hasta las tres no comía!, esa medicación destroza el estómago, además ya era hora de tomar otra vez la pastilla, y, decidida, le fué pedir a la St. L. un trocito de pan…¡sólo un trozo de pan! ¡Ay, la que se armó!.
      La St.L. le dijo que debía esperar a su hora de comer, que ya sabía las normas del centro, que que se creía, que era una egoista…
      Siempre con educación, la mujer insistió, desfallecida, por fin la Sta.L., de mala gana, le dijo que sí, pero añadió:
-Y supongo que a la hora de comer cogerás otro trozo de pan…
-No St. L., tranquila, yo ya sé que ahora voy comer la ración que me corresponde de pan, después ya no lo cojo.
-¡Ah!, menos mal, ¡hale! a tu trabajo
-Gracias…

      Aquélla noche, al llegar a su casa, le contó todo ésto a su hija mayor, una adolescente, y ella le contestó:
    -Mamy, ¿cómo te dejas humillar de esta manera? ¿Donde está tu dignidad? Esa mujer por el hecho de darte de comer, y mal, no tiene derecho a tratarte de esa manera, eres un ser humano ¡Ten orgullo!
    -Hija, yo lo hago para ahorrar para vuestros estudios…
      -¡Venga mamá,antes friego suelos como tú y me siento orgullosa de ti, que consentir que te humillen.
      Aquélla madre, luchadora como tantas madres, se paró un buen rato a pensar en las palabras de su hija, miraba la tele pero no la veía, la oía pero no la escuchaba…pensó y pensó…su hija tení razón, se seguiría apretando un poco más el cinturón ¡QUE COÑO!, pero se iba a comportar como la señora que era y además, que sus hijos aprendieran a vivir siempre dignamente, sin dejar que nadie con más poder abusara de ellos.
      Al día siguiente, entró media hora más tarde a trabajar, y, evidentemente, no acudió al comedor a las tres.
      L St. L. ¡jamás le preguntò porqué ya no iba a comer…!

      Años después, gracias a su empeño, aquélla mujer tuvo la oportunidad de sacar su título de cocinera y hoy se encuentra bien situada, ha pagado la carrera de sus hij@s…pero esa es otra historia…

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